PREGUNTAS GENERADORAS
NÚCLEO NÚMERO 5.
1. ¿Qué
tipo de relaciones se generan entre las teorías lingüísticas y literarias y la
práctica docente?
Los aportes teóricos de las disciplinas
lingüísticas y literarias han llamado la atención sobre la ausencia de
marcos que den cuenta de la lectura y la escritura como prácticas sociales
compartidas que, por adentro y por afuera de la escuela atraviesan el conjunto
de la enseñanza. De esta forma conviene subrayar la necesidad de enriquecer las
consideraciones sobre los objetos lengua y literatura (y sus relaciones) y
volver a discutir su construcción como objetos de enseñanza considerando
diversos aportes.
Entre ellos, interesan los desarrollos de la
sociolingüística como marco de referencia que permitirá poner en discusión
aspectos centrales de una pedagogía de la lengua: las nociones de lengua
estándar, de diversidad lingüística, de cambio, de norma lingüística, de
interacción, de registro, entre otras. Estas nociones ofrecen un marco apropiado
para la reflexión del docente acerca de las prácticas lingüísticas a la vez que
deben convertirse en conceptos productivos para el desarrollo de prácticas de
enseñanza concretas. Otro ejemplo posible es el de las teorías sociológicas de
la literatura, de los estudios culturales, de la etnografía como referencias
teóricas ricas a la hora de dar cuenta de procesos sociales de lectura
entendidos no como meras “competencias”, “habilidades”, o “procedimientos”
concebidos desde cierta representación homogeneizante de raíz cognitivista de
lo que son las tareas del lector y del escritor.
2. ¿Qué
elementos transcendentales hacen presencia en la enseñanza de la literatura en
la última década?
Observamos que al igual de lo que sucede en
los enfoques para la enseñanza de la lengua materna, la literatura ha vivido un
desarrollo en sus abordajes teóricos. De los enfoques prescriptivos, retóricos,
contemplativos de antes se ha pasado a las concepciones teóricas del presente.
No se puede decir que una teoría literaria
sea más avanzada que otra. Simplemente plantean diversas perspectivas del
objeto literario. De acuerdo con muchas situaciones y circunstancias, cada
perspectiva teórica se ha fijado más o menos en tal o cual característica de lo
literario: El lenguaje, el contenido, el contexto, la interpretación, el
destinatario, los efectos, las causas.
De esta manera para los formalistas rusos,
iniciadores de la teoría literaria en el presente siglo, lo importante a nivel
literario no estaría en el contenido de lo expreso, sino en los medios
utilizados para decirlo. Quizá los temas siempre han sido los mismos, lo que
cambia es la manera de expresarlo. El arte se convierte entonces en un recurso
para que el mundo se exprese.
En una concepción marxista de la literatura
lo importante sí va a ser el contenido y lo que éste pueda ofrecerle al que lo
aborda. Para el marxismo el arte debe convertirse en un medio de desalienación,
en una herramienta para la conciencia, en una alternativa para el
distanciamiento del mundo, que nos permita transformarlo.
Con el auge de la lingüística de Ferdinand De
Saussure, las concepciones estructurales se pusieron también en vigencia y
abordaron lo literario, llegando hasta el límite, hasta el agotamiento de la
interpretación. Todo parecía tener sentido en este modelo de análisis de lo
literario. Nada se quedó sin explicación.
Intentando salir de la esfera decodificante
del estructuralismo, surgieron en las últimas décadas las llamadas corrientes
posestructuralistas. Para estos el significante puede ser leído de múltiples
maneras; el significado no es único. Los sentidos del significante pueden ser
rastreados efectivos, estéticos, revolucionariamente. La lectura del
significante se vuelve entonces en esta perspectiva, de carácter plural,
problemática, subversiva. La intención no es comprender el código sino hacerlo
estallar.
En los últimos tiempos ha surgido también una
concepción de la literatura que reivindica el papel del lector, la llamada
semiótica de la recepción. Más importante que el texto, que el código, que el
autor, es el lector. Cómo debe ser un lector modelo, será la preocupación
principal de esta perspectiva teórica.
Pero la literatura tiene también otras
posibilidades de abordaje distintas a las teóricas y formales. Una de ellas ha
sido siempre la perspectiva histórica, descriptiva, evolutiva, que expone los
movimientos literarios, los estilos, las escuelas. Igualmente existe la
perspectiva de los géneros: Narrativa, dramática, lírica, ensayo. También la de
los géneros menores y la denominada subliteratura.
También cabe mencionar de manera destacada el
campo de análisis propuesto sobre la literatura desde la perspectiva
constructiva y cognitiva. Para este enfoque, no se trata solamente de destacar,
como siempre se ha hecho, el carácter formativo de lo literario, sino de
estudiar rigurosamente el aporte imprescindible que lo literario puede ofrecer
en la construcción de las estructuras mentales, afectivas, estéticas,
procedimentales de un sujeto. Vale citar acá la defensa que del pensamiento
poético hace Jerome Bruner, cuando lo compara con la otra posibilidad de
pensamiento del ser humano, el pensamiento analítico, propio de las ciencias
experimentales, encontrando Bruner que es el pensamiento poético el que posee
la mayor exigencia de abstracción, recursividad, problematización.
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