viernes, 15 de noviembre de 2013

PORTAFOLIO HISTORIA DE LA PEDAGOGIA NUCLEO 1

NÚCLEO 1

LA NATURALEZA DE LA LITERATURA Y SU PEDAGOGÍA




1. ¿CÓMO SE DEBE CONCEBIR LA LITERATURA?

concebir la literatura como una actividad que es llevada a cabo de forma progresiva y en la que cada paso nos acerca a la meta, lo que, por supuesto, es falso: no existe esa meta (o sólo existe en términos individuales), pero, aun en el caso de que existiera, estar a diez pasos de ella no significaría estar más próximos de su final que cuando todavía nos encontrábamos a treinta, puesto que la literatura no es una actividad progresiva, sino una en la que abundan los avances pero también los retrocesos y las vueltas atrás. Un buen primer libro no supone que se escribirá un segundo libro mejor -a menudo sucede lo contrario, lo que resulta, en mi opinión, una prueba palpable de que su autor no es un escritor realmente- y ni la juventud ni la madurez garantizan obras maestras. Tampoco lo hacen el ser desconocido y el haber alcanzado cierto reconocimiento, ni el haber ejercido múltiples oficios o haberse dedicado plenamente a la escritura, del mismo modo que no hay garantías de que un libro sobre la Guerra Civil vaya a tener más éxito que uno sobre un bovino: de hecho, en términos literarios, La vida de una vaca del chileno Juan Pablo Meneses es notablemente mejor que muchas novelas sobre el enfrentamiento español.

En sustancia, el prestigio literario (si es que podemos considerarlo la finalidad de disputar la carrera, aunque ésta también podría ser el éxito comercial para algunos) no es un bien inmueble y ni siquiera una inversión que uno pueda ir aumentando con cada paso que da hasta cruzar la meta y rentabilizarla de un modo u otro: los prestigios (y las fortunas) se crean y se derrumban con la misma facilidad sin que nada tenga más importancia para su suerte que la calidad de los libros que se escriben, que es la primera cosa en la que los escritores dejan de pensar cuando empiezan a concebir lo que hacen en términos de una "carrera". Pensar en esos términos es, en cierto sentido, el resultado natural de la pérdida de prestigio social de la literatura (por no hablar de la caída de sus ventas), pero resulta sorprendente que pocos escritores vean que esa pérdida de prestigio es también el resultado de la visión mercantilista de la literatura que se esconde detrás de la concepción errónea de la producción literaria como una carrera.

A pesar de ello, y aquí me desdigo, quizás sí se pueda concebir la literatura como una carrera: adelante están los escritores que nos han precedido, detrás los que nos seguirán; la pista está abarrotada y es imposible avanzar; tampoco es posible saber si hay una meta y dónde se encuentra. El escritor desea ir hacia delante pero no puede hacerlo, y no sabe si hay alguien en las gradas observándolo. A veces escribe, al borde de la asfixia porque los escritores que lo precedieron no se mueven y los que vendrán detrás de él lo empujan para que les deje sitio; carece incluso de la certeza de que lo que hace tenga algún sentido, pero lo hace, y procura no despertarse nunca del sueño de la literatura, sólo que algunos conciben éste como una terrible pesadilla.


2. AL  DEFINIR LA LITERATURA COMO ARTE POÉTICO ¿QUÉ ELEMENTOS TÍPICOS SE INTEGRAN?


a)     Literalidad:
Jakobson define la literalidad de la siguiente manera: “objeto de la ciencia de la literatura no es la literatura, sino la literalidad, esto es, aquello que hace de una obra determinada, una obra literaria”. Tal definición nos hace referirnos a uno de los conceptos más importantes elaborados por el formalismo: el de “serie”. Para encontrar la literalidad, se hace necesario confrontar la serie literaria con las otras series.
b)   Lenguaje práctico y lenguaje poético:
A diferencia del lenguaje práctico, en el cual lo más importante es transmitir un “mensaje” de la forma más económica posible, el lenguaje poético hace pasar el “mensaje” a un papel secundario para instaurarse como valor en sí mismo.
c)  El valor del sonido como derivado del lenguaje poético:
Lo que inmediatamente se imponía, como consecuencia de estas afirmaciones, era desplazar la crítica literaria, del estudio del mensaje, al estudio fonológico del poema. Dicho estudio explicaría por qué el poema se impone como tal, sin necesidad de acudir a instrumentos de ciencias ajenas a la literatura.
d)   Indisolubilidad de forma y contenido:
Los formalistas se oponen a tal división, acusándola de ser una falsa disyuntiva. Apostrofan, sobre todo, la idea de que la forma es una especie de envoltorio del contenido.  El concepto de forma, pues, adquiere dimensiones mayores: no es una cáscara insípida, sino está preñada de significaciones. O, como dicen los formalistas: “la forma es una introyección del contenido”.

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